viernes, mayo 4

Científicos recorren ruta del padre Jesuita Linck a lo largo de Baja California


En 1767, proviniendo del sur en busca de una ruta al Río Colorado, el misionero Jesuita Wenceslaus Linck y su grupo cruzaron la península de Baja California de oeste a este. Les tomo varios días cruzar junto con sus animales de soporte y tras arribar al cañón El Berrendo y ver el vasto desierto de San Felipe, se rindieron, abandonaron la búsqueda y retornaron.

Conforme buscábamos maneras de acceso a las colinas silvestres de la parte baja de la Sierra San Pedro Mártir, decidimos seguir la ruta que tomo Linck, sabiendo que las mulas en efecto no serian capaces de cruzar el terreno. Habían pasado casi 245 años desde que se llevó a cabo esta trayectoria; Linck partió el 10 de marzo y nosotros (Elizabeth Wehncke, Xavier López, John Case y yo) partimos el 22 de marzo.

Las áreas bajas de la Sierra San Pedro Mártir son territorio del borrego cimarrón, terreno muy áspero, algunos ranchos y caminos, sensacional belleza y paisajes, y prácticamente inexplorado en los últimos siglos. Teníamos 3 metas para este viaje – 1) recorrer de manera transversa la Península, cruzando dela región de El Rosario a San Felipe; 2) visitar los oasis de palmeras que son parte de la investigación de la Dra. Wehncke; y 3) documentar las plantas que se dan en este "hoyo negro" de conocimiento en botánica. Esta ruta nos llevaría a través de la vegetación donde el clima mediterráneo colinda con el desierto y la caída de la lluvia cambia de invierno a un régimen donde domina el verano.

Con nuestro vehículo cargado hasta el tope, con todo tipo de equipo imaginable, arribamos a El Rosario, donde conocimos a nuestros excelentes guías, Jesus Loya (Don Chuy) y Romualdo Ortiz (Ruma), y con la ayuda de Claudio Claro, tomamos camino hacia las montañas, a los ranchos mas remotos de Baja California.


Con vehículos llenos de equipo, fuimos a donde el hombre no había ido en 245 años. Foto por John Case

El trayecto de 5 horas de terracería que solo un vehículo 4x4 podría cruzar, nos llevo al desierto de Sonora hacia los cerros y valles de sur de la Sierra. Pasamos varios ranchos y una maravillosa mezcla de vegetación, que en todo momento hacia pensar en lo suertudos que éramos al poder adentrarnos tanto en el vehículo, sabiendo que Linck no tuvo este privilegio.

Arribamos al Rancho Las Tinajas alrededor del atardecer del 23 de marzo, y fuimos encantados por su ubicación y por la serie de profundas charcas de agua limpia y fresca proveniente de las montañas. El rancho se ubica en la base de empinada colina con oasis de palmeras arriba y abajo. El cielo estrellado de la noche fue maravilloso y dormí al lado de la fogata, escuchando el cantar de las ranas del oasis de abajo. La siguiente mañana Don Chuy partió antes del amanecer para traer a las mulas y caballos que usaríamos. Pasamos el día trabajando y creando colecciones de vegetación en los oasis; encontramos una punta de flecha indígena, que nos transportaba a tiempos pasados cuando esta área fue habitadas por miles de años por indígenas, y que muy probablemente ya no hay tantos habitantes indígenas que en tiempos anteriores.

Fue muy apantallante ver como el siguiente día, una manada de 10 animales venían trotando, suceso que nos mostraba la gran habilidad de nuestros guías. Algunos de estos animales no había sido trabajados en cuatro años, y aunque yo estaba nerviosa, mi mula (tal como son las mulas) era un ángel. ).


La mula que casi me tira en un descenso. Foto por John Case

John y yo hicimos un viaje corto en mulas para practicar para el gran viaje que íbamos a emprender; empacamos nuestras cosas y nos fuimos a trabajar. Estábamos recolectando plantas par el herbario de la Universidad Autónoma de Baja California, el San Diego Natural History Museum y University of California, Riverside. Esto nos permitiría entender mas sobre la distribución de algunas especies que es parte de investigación del doctorado, y también dejaríamos 'evidencia' para incontable biólogos botánicos de las futuras generaciones para que analicen la información y tomen muestras genéticas de mis colecciones.

El siguiente día, después de un buen desayuno, partimos temprano en la mañana hacia el oasis de palmeras gigantes 'El Potrerito', que Eli y Xavier tenían años queriendo visitar. Solo hay una pequeña cantidad de oasis de palmeras en Baja California, ya que es un hábitat amenazado, poblado por palmas blancas endémicas que solo se encuentra en la Península.


Uno de los bellos y raros oasis de palmeras de Baja California. Foto por John Case

Arribamos justo antes del anochecer, después de un recorrido extremadamente bello. Recolectamos varias plantas y paramos a apreciar la vista del cañón El Parral. Cada vuelta del trayecto parecía traer plantas y comunidades de plantas nuevas, que yo nunca había visto. Una Anemone tuberosa rosa fue una sorpresa. La cantidad ridícula de equipo que habíamos traído con nosotros era demasiado peso para los animales y tuvimos que dejar gran parte en el rancho, aun así era necesario parar periódicamente a reacomodar el cargamento en la mulas.

El siguiente día nuestros guías se adelantaron para tratar de encontrar una ruta para baja al cañón Berrendo mientras que nosotros felizmente trabajamos en el oasis. El descenso al cañón Berrendo fue muy difícil, yo era la jinete con menor experiencia y habilidad, y por poco me avienta la mula, pero no me salve de dislocarme el dedo!

La vegetación variaba tanto durante el cruce; iniciamos en el desierto abierto y rocoso, con angostas y peligrosos descensos limadores de rodillas, después al chaparral, forzando a las mulas a guiarnos fuera de la obscuridad, hacia bosques, cruzando semi pastizales áridos, y después por la densidad de arboles con espinas que rompían la ropa ( y a veces la piel también). Cuando finalmente llevamos a la boca del cañón El Berrendo al anochecer, nos topamos con personal de Terra Peninsular que nos traían unas muy bienvenidas cervezas frías y nos ofrecían pasaje a San Felipe – que ya quedaba cerca. Compartimos nuestra ultima cena en la cálida arena, justo antes de cada quien partir por su cuenta. Fue difícil despedirnos, pero lo tuvimos que hacer.

Seguimos las huellas de Lincks a lo largo de la Península, algunas veces aplaudiéndole por habernos guiado a tal belleza, y algunas veces maldiciéndolo por habernos guiado a terrenos tan difíciles y peligrosos. Nuestras colecciones son invaluables, tanto para nuestros proyectos de investigación y para tener un mejor conocimiento de la biogeografía, ecología y diversidad silvestre de la Península. Este viaje complementa nuestros esfuerzos d documentar las especies que compartimos en el planeta, pero también nos deja en un estado de admiración por la belleza de Baja California.

Para más información sobre esta expedición, favor de contactar Sula@terrapeninsular.org

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