viernes, mayo 4

Primero Pobladores Indígenas de la Sierra de Juárez


Hace muchos años salieron del cantilar de La Rumorosa el pino, el piñón y el encino. Caminaban hacia la costa. Después de mucho caminar se canso el piñón y se quedo a vivir en la parte más alta de la sierra; siguieron caminando el pino y el encino. Casi llegando al poblado de la Huerta, donde aún viven los indios kumiai, se canso el pino y se quedo, por lo que a este lugar se le conoce como Pino Bailador. Desde entonces, los Cucapá daban ahí los últimos ensayos –antes de llegar a La Huerta- de la fiesta del 4 de octubre, a la que año con año asistían.

Por último, el encino siguió su camino, pues tenía la intención de llegar a todas la tribus kumiai para darles la bellota con que preparan su alimento, de tal manera que llegó a todas las comunidades de la costa. Por eso, actualmente, todas las comunidades kumiai cuentan con encinos para preparar el atole de bellota.

El viaje de los arboles sagrados
Leyenda Kumiai


En los refugios escarpados cercanos a la rumorosa, en sitios como vallecito o los acantilados que dan hacia la laguna salada han quedado gran cantidad de testimonios grabados en la rocas ando muestra de la ocupación humana en la hoy llamada Sierra Juàrez desde hace cientos y quizás miles de años. Pinturas y grabados muchas de ellas con carácter abstracto u otras configuras antropomorfas o zoomorfas principalmente pero con un carácter simbólico o sagrado dentro de la cosmogonía de estos grupos.


Recursos de pinos que son tan importantes para alimento y elaboración de suministro y arte para las comunidades indígenas de la Sierra de Juárez. Foto por Nathan Velasco

De la sierra a la costa era el ciclo que cada año llevaba a kumiai y paipai principalmente buscando los diversos recursos que uno u otro sitio ofrecían. En invierno se privilegiaba estar en la costa dado lo benigno del clima, después a los valles localizados entre la costa y la sierra Juàrez tal vez la mayor parte del tiempo. En el verano, especialmente hacia el mes de agosto, cuando iniciaba la colecta de diversas semillas especialmente el piñón junto con la cacería del venado y otros animales era que estos grupos se desplazaban hacia la sierra
Al iniciar la colecta del piñón este momento que era aprovechado de acuerdo a testimonios como el de Teodora Cuero para hacer fiesta y reunirse con otras tribus tanto de la costa del pacifico y el delta del río colorado y golfo de California dado lo abundante de este recurso

Sí allá teníamos una fiestona del kuri kuri, a gusto la pasábamos… hay una vereda que por ahí pasábamos y dice mi mamá que cuando ellos venían en los pinos no alcanzaron a llegar por que ahí se quedaron. Mira nosotros una vez, me acuerdo muy bien, nosotros teníamos que salir el 15 de agosto de aquí, que no falte ni un día ni atrasado el 15 de agosto de aquí… Íbamos y dormíamos en medio camino y ya otro día estábamos y durábamos agosto, septiembre, se acaba septiembre y el día primero de octubre nos veníamos a festejar el 4 de octubre, se acababa el baile y nos regresábamos otra vez, hasta que no terminaba de juntar el piñón.

Con la llegada del sistema misional el estilo de vida de estos grupos se ve afectado y los grupos que visitaban la sierra cíclicamente comienzan a establecerse en poblados con un carácter permanente como es el caso de la Misión de Santa Catalina Virgen y Mártir (hoy Santa Catarina) en el lado este de la sierra Juàrez; u otros asentamientos cercanos a sitios misionales como San Antonio Necua y San Jose de la Zorra. También asentamientos en sitios de más difícil acceso como Nejí u La Huerta en las estribaciones de la sierra. Por lo que su estilo de nomadismo estacional comienza a desaparecer desde finales del siglo XVIII, en el siglo XIX con la aparición de ranchos y ya entrado el siglo XX como da cuenta el testimonio de Teodora Cuero:

En 1940 que se formo el ejido sierra de Juàrez y empezaron a cercar y empezaron a ser pues dueños, ya no fue como antes, antes era muy libre y íbamos ahí, pizcábamos el piñón cuando nos daba la gana nos veníamos, así muy a gusto hasta la sierra. Toda la gente indígena pues allá nos encontrábamos, Santa Catarina, Nejí, todos ellos, los de aquí. Libre, libre, nosotros aquí estábamos, estaba libre pues aquí tampoco no teníamos cerco ni nada.

Hoy en día los descendientes de aquellos quienes dejaron sus testimonios sobre las rocas sobreviven 4 comunidades dentro de la zona de influencia de la sierra; Neji, San Antonio Necua La Huerta y Santa Catarina, luchando por conservar lo poco que les queda de la cultura des sus antepasados: lengua, conocimientos sobre herbolaria, elaboración de cestería y cerámica. La gran mayoría dedicados a labores propias del campo aunque empleándose en ranchos vecinos o realizando actividades como el corte de palmilla (Yucca Shidegera) del cual depende mucho de la economía de comunidades tales como Santa Catarina y planteando grandes retos para la conservación en lo poco que les queda del territorio ancestral.

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