viernes, mayo 4

Una Nota del Director Ejecutivo


Los movimientos sociales que surgieron en la década de los sesenta no sólo demandaron cambios en las relaciones raciales y de género, sino también cambios con respecto a la relación de la sociedad con el medio ambiente. Obras como La Primavera Silenciosa (Silent Spring) de Rachel Carlson y desastres naturales como el derrame petrolero en Santa Barbara en 1969, pusieron un fuerte énfasis sobre la necesidad de proteger los recursos naturales. El 22 de abril de 1970, con el apoyo del Congreso de Estados Unidos gracias a los esfuerzos del Diputado de Wisconsin, Estados Unidos, Gaylord Nelson, millones de personas salieron a las calles y parques a protestar por un medio ambiente más limpio y saludable, en lo que fue el primer Día de la Tierra. Como resultado de este movimiento que contó con el apoyo tanto de grupos de base como de personas en el poder, se lograron avances en materia ambiental como la creación de la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, la prohibición del uso del DDT y la promulgación de la Ley de Protección a Especies en Peligro de Extinción (Endangered Species Protection Act.

Cuarenta y dos años después, el movimiento de conservación del medio ambiente se ha hecho internacional y hay un progreso tangible en la conciencia ambiental entre las personas. Muchas personas en todo el planeta están conscientes de problemas como la perdida de la capa de ozono, la extinción de especies y el cambio climático. Pero aunque esta conciencia se ha traducido a algunas iniciativas de conservación, la degradación del medio ambiente continúa a un ritmo igual o más acelerado que antes. Los derrames petroleros continúan (el derrame de Deepwater Horizon en 2010 en el Golfo de México ha sido el derrame petrolero más grande y dañino en la historia de la industria petrolera); el ritmo de extinción de especies se ha acelerado dramáticamente en los últimos veinte años (la Unión Internacional de Conservación de Naturaleza, IUCN, estima que el 20% del total de especies en el planeta están amenazadas o en peligro de extinción); y más del 50% de los ecosistemas están gravemente degradados.

Desafortunadamente, México, y por ende la Península de Baja California, no se escapa de esta tendencia. Nuestros recursos naturales continúan desapareciendo en Baja California debido a la minería, proyectos de energía y desarrollo urbano. La labor que Terra Peninsular lleva a cabo es más necesaria que nunca. Por ello, nuestra organización está trabajando en establecer un corredor biológico de más de 400,000 hectáreas que se extiende de la Bahía de San Quintín (300 kilómetros al sur de Tijuana) a la Sierra de Juárez (la cadena montañosa aledaña a las cadenas montañosas del este del Condado de San Diego). Trabajando con ejidatarios y propietarios de tierras, órganos de gobierno y comunidades indígenas, tenemos la esperanza de establecer uno de los corredores biológicos más grandes de Norteamérica. Gracias por apoyar esfuerzos de conservación como éstos. Tu apoyo ayudará a proteger los maravillosos paisajes, ecosistemas y vida silvestre de Baja California para futuras generaciones.

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